06 noviembre, 2008

Amargo como la hiel


Empiezo a perder ese tirón inicial de escribir en el blog y es algo que no puedo permitirme. No puedo dormirme en los laureles siendo esta una temporada en la que hay mucho en que pensar.

Esta mañana se hablaba en las noticias de casi 154 intoxicados en el Edificio Central de mi universidad. Al parecer un barniz que se aplicó tras las reparaciones pertienes del ala este del edificio fué a hacer reacción con uno de los productos de limpieza que se había usado esa mañana. La mezcla liberó un gas altamente tóxico que se coló por el sistema de ventilación. Tres de mis amigas resultaron afectadas con diferente gravedad (un saludo para ellas). La concentración era tal que algunos que simplemente pasaban por ahí al rato sufrían de picores en los ojos y problemas de respiración.

Si echamos cuentas no ha pasado más de una semana desde aquel desagradable incidente. Afortunadamente no llegó a más de 20 el número de afectados por la explosión del coche-bomba. Irónicamente ha causado más daño la irresponsabilidad de un equipo de reparaciones que los propios teroristas que atentaron contra nuestras vidas. Seguramente estos últimos se estarán tirando de los pelos. Yo lo haría, no por nada.

Supongo que esta vuelta del destino tiene algo que enseñarnos. Tal vez a no creernos intocables. La vida nos dió una oportunidad el pasado jueves, pero aún tiene a punto sus dientes afilados. Hay que estar alerta si queremos evitar llevarnos un disgusto. No quiero decir con esto que la culpa de este desafortunado acontecimiento deba recaer sobre alguien. No. Sólo quiero apuntar que no podemos dormirnos en los laureles (yo el primero) y pensar que una vez pasado lo peor el resto será un paseo por el campo. Hay que estar atentos y dispuestos a extender la mano a quien lo necesite en todo momento. No importa el cansancio acumulado, el sueño perdido o el dolor padecido. Ellos no se toman vacaciones y nosotros no deberíamos hacerlo tampoco.

Desde aquí un afectuoso saludo a todos aquellos que han sido afectados por el gas. Espero que no haya nada grave que lamentar.

¡Un saludo!

6 comentarios:

The Jolly Joker dijo...

Al final se cree que el origen del intoxicamiento está el incendio de la propia bomba. Algunos gases tóxicos se quedaron entre el falso techo y el techo, y al abrir para hacer reparaciones se expandieron (últimas informaciones.)

Por suerte no hay nada que lamentar, ya nos están dando el alta a todo el mundo.

Verdaderamente, no podemos bajar la guardia, la vida y la muerte son unas amigas muy cómplices e irónicas. Pero aquí estamos todos para sujetarnos entre nosotros.

La verdad es que tengo tantas cosas en mente que no sé por cual empezar en mi blog... Se me acumulan... En fin, tendré que planificarme y racionar. Porque se piensa escribiendo, y lo escrito nunca se olvida.

Saludos!

pablo blanco dijo...

La vida es como un baile, y como todo baile, es equilibrio. Hay que saber esquivar ágilmente -con belleza, con eficacia, con elegancia- los obstáculos que se nos pongan en el camino, en la medida de nuestras fuerzas. Y parte de ese baile consiste en tomar de la mano o de la cintura a aquellos que titubean, se tropiezan o caen, para que recuperen el ritmo.

¡A bailar todo el mundo!
-Insisto; el corazón canta... no perdamos la esperanza, aunque la danza sea triste, caótica o desenfrenada.

Eterna dijo...

Te iba a decir lo mismo que Isabel, en realidad sólo es consecuencia de lo primero.
Hay una línea muy fina que separa la vida y la muerte, y eso es lo que hace que ambas sean hermosas...lo fácil que es pasar de una a otra sin darte cuenta.
Gracias.

Parpadee dijo...

Jolly Joker: Me alegra que todo haya pasado sin nada que lamentar. Fué una semana tensa, pero ahí estuvimos todos al pie del cañón.

Espero que dentro de muchos años podamos volver la vista atrás sin olvidar todo por lo que hemos pasado.

Parpadee dijo...

Pablo: Suerte la mía que tengo dos pies izquierdos a la hora de bailar. Aún así procuraré no pisaros los pies... demasiado.

A seguir bailando pese a que el ritmo haya cambiado.

Parpadee dijo...

Eterna: Pasar por cosas como estas (¡dos veces!) nos hace madurar de golpe. La vida y la muerte van siempre juntas, lo cual a veces nos cuesta asimilar.

Me alegro de que os encontréis bien.