
Hace poco más de un año este blog se inició como un medio de expresión más o menos estable, un sitio donde descargar mi cabeza de ideas y donde poder compartir esas locuras que llamo pensamientos. Pronto se convirtió sin saber cómo en mi válvula de escape, como una excusa para explicarme de las maneras más extrañas. Luego en un sitio de encuentro con otras personas que comparten ese impulso por transmitir, gentes de todos los rincones, cada cual con sus peculiares rarezas y sus raras particularidades.
Ha pasado más de un año (¡y que año, madre mía!). Esperemos que uno siga muchos años más retorciendo palabras y rompiendo esquemas de color. Pocas cosas en la vida merecen la pena conservar. Y aunque con alguna excepción, no me arrepiento de ninguna de las palabras que he escrito entre botellas tras esta barra. Palabras cargadas con sabor a pólvora.
Tras unas inmerecidas vacaciones un servidor vuelve a las andadas. Habrá que recuperar de algún modo el tiempo perdido, digo yo. Los relojes no se paran por el simple hecho de que uno se duerma en los laureles (amapolas, margaritas, a gusto del personal).
Tras un pequeño y tortuoso viaje a través de lo que esconde esta dura osamenta uno ha vuelto más alto, más fuerte, más galán y más estúpido que nunca.



